lunes, 12 de mayo de 2014

La invención de Morel

La prisa: yo me había puesto en la obligación de hablarle hoy mismo. Si quería evitar que sintiera desconfianza -por el lugar solitario, por la oscuridad- no podía esperar un minuto. Verla: como posando para un fotógrafo invisible, tenía la calma de la tarde, pero más inmensa. Yo iba a interrumpirla. Decir algo era una expedición alarmante. Ignoraba si tenía voz.

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